Tengo una maldita nostalgia atorada justo a la mitad de la garganta, ahí donde no puedo terminar de escupirla ni terminar de tragarla.
Es la nostalgia que se siente en el propio cuerpo, en aquellos retazos de piel que son los preferidos de tus besos. Es la nostalgia de dejar vacío tu lado de la cama, como si fueras a llegar en el minuto más inesperado de la madrugada para acurrucarte a mi lado, dejándome sentir el olor de tu cuello en ese punto exacto que me encanta. Es la nostalgia de querer escribirte y dudar mil veces en hacerlo, de querer que el tiempo vuele para detenerse en el momento en el que nos toque coincidir.
Es la nostalgia de un amor como el nuestro, la nostalgia propia de un amor inconcluso.

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